Anselmo, con nombre de humano
Se escucha al fondo un maullido suspendido. Es Anselmo que se dirige al estudio, ─ como ya es costumbre ─ , para reclamar sus caricias matutinas , entre quejidos y clamores que se hacen más sonoros entra tanto está más cerca. Farid, reducido por esa ternura, le responde: ─Anselmito, venga pues mi cosito, ─y espera por su respuesta que no se hace esperar; ─Miau, miau; ─y camina de prisa con su singular contoneo que siempre despierta risas─. Anselmo cuando camina, especialmente al acelerar su marcha, mueve el trasero como si estuviera en una pasarela desfilando. Sus nalgas se mueven como dibujando un vaivén acompasado, su cola, erguida y temblorosa, marca el ritmo de un vals insonoro; cada paso es una coreografía aprendida y ensayada por millones de años, es una fluctuación entre la elegancia y el ridículo que lleva en su adn. Sus patas, blandas como suspiros, tocan el suelo con el sigilo de un ladrón y su cuerpo entero se balancea como si llevara de...



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