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Donde antes hubo ojos

Donde antes hubo ojos La mañana amaneció con un cielo frío y gris. La niebla cubría todo; estaba como para tocarla. Efrén se arreglaba para ir a su trabajo o a lo que de él quedaba. Estaba seguro de que muy pronto sería despedido, pero no sabía si era por la realidad o por el miedo que siempre lo acompañaba. Se paró ante el espejo antes de salir. Se miró los ojos; eran de un color miel. Ya no parecían ver, pero aún podían verse. Había algo extraño en ellos; estaban como ausentes. No los veía ni enfermos ni vacíos, sino como que hubiesen partido antes que él. De pronto algo pasó. En el lugar donde antes estaba su ojo derecho, había ahora un sendero. Era claro y real, y parecía estar esperándolo. Efrén pestañó, pero el camino seguía igual. Al fondo, vio una puerta pequeña y desvencijada. La abrió con mano temblorosa, y los alambres que la sostenían lanzaron un chirrido largo y doloroso. Efrén dio un paso, luego otro. Se sentía ridículo y, a la vez, libre. Siguió andando; no conocía el ...

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